A través de nuestro «Laboratorio de la Felicidad», exploramos juntos el poder de las emociones y el autocuidado.
En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental, la Fundación Vivir Mejor desarrolló una enriquecedora jornada psicoeducativa. El objetivo fue claro: brindar herramientas prácticas para el autoconocimiento, la autoestima y la expresión saludable de las emociones, fortaleciendo así nuestras redes de apoyo y el bienestar integral de cada participante.
Un Laboratorio de Experiencias Positivas
La jornada se dividió en estaciones participativas diseñadas para aprender jugando. A través del “Laboratorio de la Felicidad”, utilizamos una ruleta de retos para identificar aquellas experiencias que nos brindan alegría y tranquilidad. Cada participante creó su propia «Receta de Bienestar», un conjunto de acciones cotidianas que, a partir de ahora, les ayudarán a cultivar su paz interior y autocuidado emocional.
Conectando con nuestras emociones
Para comprender mejor cómo funciona nuestro cuerpo y mente, exploramos “Las cuatro hormonas de la felicidad”: serotonina, dopamina, oxitocina y endorfinas. Entender cómo estas sustancias se activan con el ejercicio, las risas y los vínculos afectivos nos permitió reconocer que la salud mental está estrechamente ligada a nuestras acciones diarias. Además, mediante las estaciones “El rincón del desahogo” y “¿Qué pasa en mi cabeza?”, brindamos un espacio seguro para identificar pensamientos y emociones, enseñando a los participantes a hacer una pausa, reflexionar y elegir respuestas más conscientes ante los desafíos cotidianos.
Mensajes que Sanan: Nuestra fuerza colectiva
Finalizamos la jornada con la dinámica “Mensajes que sanan”, donde construimos un mural colectivo lleno de palabras de aliento, empatía y solidaridad. Este mural es un testimonio de nuestra capacidad para apoyarnos mutuamente. En FUNVIME, creemos que fortalecer nuestra inteligencia emocional y nuestra empatía es la mejor inversión para el futuro de nuestros niños y jóvenes.
Esta jornada nos deja un mensaje fundamental: identificar nuestras emociones y buscar ayuda cuando la necesitamos es un acto de valentía. Seguiremos creando estos espacios de aprendizaje porque un niño que reconoce sus fortalezas y cuida de sus emociones, es un niño que está preparado para alcanzar sus sueños.